Yoga: ¿Una práctica física o Espiritual?

Yoga Práctica Física o Espiritual

La primera vez que entré a una clase de yoga hace años, no era la persona que soy hoy. Iba allí recomendada por una anónima dentista alemana, con la intención de reducir los síntomas del bruxismo. Tenía un muchas inseguridades, estaba completamente desconectada de mi cuerpo.

Hasta ese día, no sabía cuanto había necesitado el yoga.

A lo largo del año fue mi cita ineludible: dos días por semana a primera hora de la mañana. Y creedme, en esa época no era fácil levantarme temprano.

Aprendí a estirarme, respirar, conectar con mi fuerza, dejar ir, aceptar lo que no puedo cambiar y disfrutrar cada instante de la práctica. El yoga fue una ventana llena de luz en la oscuridad de la ansiedad, el cansancio y la confusión que experimentaba. No sabía que empezaba un largo camino hacia un profundo cambio en mi vida.

Hay cierta discusión en el mundo del yoga sobre la práctica moderna y como enfatiza el componente físico, el asana, resultando en la pérdida del propósito espiritual de la misma. Parece haber un perfil de persona que puede hacer yoga. Mujer guapa, flexible, en buena forma, blanca, rica, etc. Pero esta imagen es bastante absurda. De hecho, no deja de ser irónico que en sus inicios el yoga fuera practicado principalmente por hombres de raza india y renunciantes. (Este dato lo escuché en clase de filosofía, corregidme historiadores del mundo si he patinado aquí).

Con esto quiero decir, que el propósito del yoga, la conexión con uno mismo y con el todo, puede ser emprendido por cualquier persona. Incluso si tienes movilidad reducida, estás en baja forma, no eres flexible, estás mayor o cualquier otra excusa que pueda cruzar tu mente. La práctica puede adaptarse a ti. Por supuesto debes hablar con el instructor de tu caso en específico.

Y si, está el hecho innegable de la práctica de yoga te va a ayudar a paliar dificultades físicas y mentales. Te va a dar flexibilidad, fuerza, autoestima. Para mí es casi mágico. Una magia que se va metiendo muy despacio en el cuerpo y la mente, generando cambios duraderos.

Y si, ese no es el fin último de la práctica. Hoy en día vamos a clases de yoga porque el médico (o el dentista) nos lo ha recomendado, porque queremos esto y lo otro, porque complementa otras actividades que hacemos, para lidiar con la ansiedad, incluso para poder sacarnos fotos bonitas.

La verdad es que me da igual. Confío plenamente en el poder del Yoga como una herramienta de transformación. Es inevitable. Para mi, cualquier excusa es buena. La práctica se encarga de poner a cada uno en su lugar, darle lo que necesita. No creo que sea posible mantener una práctica física comprometida sin entrar en un proceso de profundo desarrollo mental y espiritual. Obviamente la profundidad y rapidez de ese desarrollo va a depender de la persona, en qué punto se encuentre, el instructor que facilite las clases, la atmósfera creada, el tipo de ejercicios…

Así pues, da igual la razón por la que empieces a practicar yoga hoy. Lo importante es que empieces y encuentres el tipo de práctica que te haga vibrar. Y si puedes sentir los beneficios de la práctica, si sientes que es para ti y te beneficia, que continúes practicando. El desarrollo vendrá por sí solo de forma inevitable, cambiando todos los aspectos de tu vida.

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