Tu responsabilidad es sanarte

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En la vida pasan cosas horribles. O más bien, cosas que percibimos como tales.

Mirando atrás en el tiempo, seguro que eres capaz de recordar una serie de traumas, esas cosas que sucedieron, especialmente en momentos vulnerables y que te han marcado durante años. Emociones encasquilladas por un rechazo, una ruptura, una pelea, violencia, e incluso una frase inocente dicha por otra persona en un momento inportuno.

No era tu culpa. No fue justo. No lo merecías.

De manera subconsciente esas heridas emocionales y mentales se quedaron allí infectadas. Muchas veces ni siquiera somos conscientes de ellas. Y siguen generando patrones de conducta, miedos irracionales, provocando reacciones desproporcionadas y alejándonos de una visión clara de la realidad.

Y nada de esto podemos evitarlo, porque la vida es así, ya lo decía el Buda en la primera noble verdad. Shit happens. El sufrimiento existe y es parte de la condición humana. Si te cae un cajón en el pie, te duele, esto es así.

Pero si te cae un cajón y encima te pones a pensar lo desgraciado que eres porque te ha caido un cajón y pobrecito de ti que no te lo merecías y ahora ya no volverás nunca a andar y nadie más en el mundo te va a querer por lo que te pasó en el pie… pues duele más.

Entonces, la libertad última que tenemos es decidir como afrontar cada situación, esto está bastante claro.

Pero ¿qué pasa con todas esas situaciones que no afrontamos en su momento, que hemos estado rumiando durante años e ignorando como si fueran asunto de otra? Esas situaciones que nos están afectando al momento presente, haciéndonos revivir una y otra vez la misma historia.

Bueno amigas, sanar eso es responsabilidad nuestra. No estamos muy acostumbradas a hacernos cargo de nuestras propias emociones, pero hay que aprender, es la única manera. Y tenemos miles de herramientas disponibles. Para mi, ha sido la psicoterapia, la meditación y el Yoga. Para cada quien serán cosas distintas.

Hay que tomar las riendas y empezar a sanarse y a cuidarse.

Porque solamente tenemos una vida y es una pena perderla rumiando miedos y patrones.

Porque las movidas que no sanamos, las transmitimos a los demás y se crea un circulo vicioso de miedo. Mientras que cuando actuamos desde la paz, esa paz también trasciende más allá de nuestra propia persona, contagiando a los que nos rodean.

Porque aunque pienses que no eres capaz de sanar, que tu mierda es única y diferente, que no hay nadie con tan mala suerte como tú, cada personita que ves brillando y que te inspira pasó antes por ahi. Y me incluyo yo misma que he pasado por muchos rollos y lo que han hecho es empujarme, a través de pasarlo mal, a encontrar la paz dentro de mi y ser la mejor versión de mi misma (y lo que me queda por mejorar y aprender).

Porque, como dice mi querida Marie Forleo, el mundo necesita ese don especial que solamente tú tienes. Y el mundo no necesariamente es la población mundial, sino tu vecino, la panadera, el dependiente de la frutería, tu hermana, tu pareja y tus hijos.

Y porque mola mucho ser libre. Y con libre no me refiero a hacer lo que nos da la gana de manera reactiva, sino a tener ese poder de decisión desde la calma. Ese poder de decisión que te permite incluso sobreponerte a los deseos neuróticos como puede ser una adicción, un patrón de conducta, responder a un gatillo emocional…

Cuando empezamos a sanar, las puertecitas empiezan a abrirse. Siempre hay cosas por descubrir que no están del todo sanadas. Y se vuelve un juego de autoconocimiento.

Un juego que al principio es duro pero que se vuelve muy divertido con el tiempo. Porque te vuelves tu amiga, aprendes a mirarte con ojos de amor, hasta cuando metes la pata y te ríes de ti misma.

Sanarte es la mejor inversión que vas a hacer jamás.

Aunque ahora quizá todo parezca muy oscuro, porque a veces darse cuenta de todo lo que queda por recorrer duele más que seguir postergando empezar el camino.

Pero vas a ver como con el tiempo y la perseverancia, poco a poco vas soltando, con las herramientas y los apoyos adecuados, todos esos pesos del alma.

Y vas a maravillarte al ver tu propia luz brillando e iluminándote a ti y a los que están a tu alrededor.

Te lo garantizo.

Si necesitas apoyo o quieres contactarme no dudes en escribirme. Tienes varias opciones desde aquí.

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