Reflexionando sobre el enamoramiento

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A cierto punto es ya una sensación parecida a cuando vas a coger la gripe. Empiezas a ver los primeros síntomas e intentas prevenir el apocalipsis a base de propóleo y mandarinas. Pero vamos, ya con poca esperanza porque sabes que ni poniéndole dos velas a san Fulano del gorrito te vas a librar del trancazo.

Pues algo así, sólo que cambia el propóleo por unas dosis de hacer como que si nada y las mandarinas por unas cervezas o en mi caso dos litros de té. En mi el té hace que todo parezca como más bajo control, como que sé bien lo que me hago. Parezco una tía dura sorbiendo mi Darjeeling con canela. Pero no.

Porque así como con la gripe te levantas con un dolor de huesos que parece que durante la noche te hayan dado de palos, con el enamoramiento te levantas como si te hubieran metido un chute de morfina. Y a este punto de mi vida ya me despierto y me río, que antes lo llevaba peor. Tanto el enamoramiento como la gripe.

En ambos casos hay una parte que piensa: oh, no ¿ya estamos aquí otra vez? No debería haber salido en tirantes (o lo que sea que hayas hecho con alguien, para que tu cerebro esté segregando el cóctel molotov hormonal del enamoramiento).

Yo creía que esto de las mariposas se pasaba con la edad, pero ya me advirtió mi terapeuta que no me haga muchas ilusiones. Que si tienes suerte te siguen dando ataques de cuando en cuando hasta que te mueres. Y si no la tienes, pues te amargas y ya no te pasa más nunca. Pero vamos, que tampoco es que sea muy sano esto último.

Recuerdo la última vez que me paso, hace ya cierto tiempo. Mi maestra me dijo: sonríe ahora que después vas a llorar. Y yo le dije: Nooo.

¿Que no? Cómo me pude acordar de ella.

Pero ¿que se puede hacer? Un día te descubres abrazando a una almohada y pensando en esa persona. Y te acuestas y piensas en esa persona. Y estás paseando por la calle y te preguntas qué estará haciendo. Y recibes un mensaje y se te pone cara de idiota y… eso es, haces como que no pasa nada, pero es como cuando estornudas y piensas: “por favor, que sea del polvo”. Pero sabes que estás a punto de coger la gripe y ni todas las mandarinas del mundo van a ser capaces de salvarte.

Mira, sinceramente, ya no sé qué pensar. Desde luego intentar reprimirlo o hacer como que no está pasando nada es como seguir yendo al trabajo diciendo “¡que yo estoy bien!” con cuarenta de fiebre.

Reprimirlo amarga, es así. Tener en la cabeza que las cosas deben de ser de una forma determinada, ponerse en pie de guerra contra las emociones… vamos es una lucha que vas a perder.

Y sé que los que ya estamos quemados con estas cosas en la mayor parte de los casos no queremos permitimos sentir la euforia. Porque si tienes una edad y una experiencia sabes de sobra que después son todo llantos y dolores de cabeza. Y esto que lo compramos a medias quien se lo queda y el perro te lo llevas tú y te voy a bloquear del whatsapp.

La única conclusión razonable a la que he podido llegar, es que esta movida no tiene nada que ver con el otro. Es el propio yo, proyectando todo su potencial sobre la imagen del otro. ¿De dónde sale toda esa energía? ¿De dónde sale toda esa luz? Todo ese impulso inconsciente de ser tu mejor versión, de salir de las entrañas calentitas y conocidas de la soledad y entrar en contacto con otro ser humano.

Eso sale de cada uno. La otra persona no tiene nada que ver, repito. Y si has hecho el trabajo previo de transitar soledades y sanar heridas y conectar contigo, lo vas a ver muy claramente, como yo lo estoy viendo ahora.

Estoy viendo toda mi luz, todo mi potencial, todas mis cosas sin resolver y todo mi miedo. Tal y como lo veía sin esa persona que lleva unos días haciéndome de espejo. Simplemente es un amplificador.

El problema viene cuando no se ha hecho este trabajo y entonces todo es muy confuso. Porque queremos que el otro nos preste atención, piense que somos de una manera y nosotros también proyectamos lo que queremos de esa persona en lugar de verla. Que en mayor o menor medida lo vamos a proyectar igualmente sí o sí, porque somos humanos. Pero hay una diferencia entre hacerlo con consciencia e intentando ver la realidad o hacerlo creyéndonos con toda la inocencia que la otra persona y la imagen que tenemos de ella son prácticamente lo mismo.

Mi trabajo ahora está en transitar por ese mundo emocional, por esa euforia, sin dejarme arrastrar por ella, aceptándola con amor pero sin alimentarla. Ya que sé que pese a que es agradable únicamente me separa de la realidad. Y mantener los ojos abiertos, observarme, aprenderme, confortarme y acompañarme.

Sabiendo que siempre vas a estar ahí para ti pase lo que pase, puedes ser vulnerable, porque no necesitas al otro para que te recoja si te haces daño. Porque ya estás tu misma para recogerte.

Si estás en proceso y todavía no has hecho este trabajo, te recomiendo que lo hagas, que tomes nota de tus estados mentales, de como llevas tus relaciones, tus emociones, el estar sola, el estar con alguien, la atracción, lo que sea.

Hace ya dos años que empecé un diario donde he recogido la evolución en cada momento y puedo ver claramente una diferencia grande de consciencia desde entonces a aquí.

Lo último que me queda es decir que no puedes evitar coger la gripe, pero sí puedes tratarte con amor, con cuidado, con consciencia y con atención. Pasando por las experiencias de manera más serena y manteniendo una visión un poquito más clara de la realidad, una visión que te ayude a disfrutar de los momentos de euforia tanto como de los momentos de dolor.

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